Existe una regla popular: una tonelada de refrigeración por cada veinte metros cuadrados. Es cómoda, es fácil de recordar y falla más de lo que acierta. La razón es que el calor que hay que retirar de un espacio no depende solo de su superficie, sino de por dónde entra ese calor, y eso cambia radicalmente de un inmueble a otro.
De dónde viene el calor que hay que retirar
Un cálculo de carga térmica suma todas las fuentes de calor que entran o se generan dentro del espacio. Estas son las principales, y ninguna aparece en la regla de los veinte metros:
- Transmisión por muros, techo y piso. Depende del material, del espesor y del aislamiento. Una losa expuesta al sol aporta muchísimo más que un entrepiso.
- Ventanas y orientación. Un ventanal al poniente puede duplicar la carga de un cuarto respecto al mismo cuarto orientado al norte. El vidrio deja pasar radiación directa.
- Personas. Cada ocupante aporta calor sensible y latente. En una sala de juntas o un restaurante lleno esta partida es enorme.
- Iluminación. Especialmente en comercio, donde la iluminación de exhibición es intensa y está encendida todo el día.
- Equipos. Computadoras, servidores, hornos, motores, refrigeradores comerciales. Todo lo que consume electricidad termina convertido en calor dentro del espacio.
- Infiltración y ventilación. Aire exterior que entra por puertas, rendijas o por requerimiento normativo. En un local con puerta que abre doscientas veces al día pesa muchísimo.
- Altura de plafón. Dos locales de cien metros cuadrados con plafón de dos metros y medio o de cinco metros no tienen el mismo volumen de aire que acondicionar.
Qué pasa si el equipo queda grande
Mucha gente asume que sobrar capacidad es seguro. No lo es. Un equipo sobredimensionado baja la temperatura muy rápido y se apaga antes de haber removido la humedad del ambiente, porque deshumidificar requiere tiempo de operación continua. El resultado es el fenómeno que todos conocemos: un cuarto frío que se siente húmedo y pegajoso.
Además, ese ciclado corto y constante castiga al compresor —cada arranque es el momento de mayor esfuerzo— y dispara el consumo eléctrico. Un equipo sobrado cuesta más al comprar, más al operar y dura menos. No hay ninguna ventaja.
Qué pasa si el equipo queda chico
Un equipo con capacidad insuficiente nunca alcanza la temperatura fijada, así que trabaja de forma continua al cien por ciento. Enfría, pero no lo suficiente, y el usuario baja el termostato pensando que así ayudará, lo que no cambia nada porque el equipo ya está dando todo lo que tiene.
El costo real es la vida útil: un compresor que jamás descansa se degrada mucho más rápido. Es común ver equipos subdimensionados morir a los cinco o seis años cuando deberían haber llegado a doce o quince.
Rangos orientativos, con todas sus advertencias
Con la advertencia expresa de que esto no sustituye un cálculo, estos rangos sirven para ubicarse antes de una visita técnica en clima cálido seco tipo noroeste de México:
- Recámara de 12 a 16 m² con una ventana: entre 1 y 1.5 toneladas.
- Sala-comedor de 30 a 40 m² con ventanal: entre 2 y 3 toneladas.
- Oficina cerrada de 25 m² con cuatro personas y equipo de cómputo: entre 1.5 y 2 toneladas.
- Local comercial de 100 m² con escaparate e iluminación intensa: entre 5 y 8 toneladas.
- Restaurante de 120 m² con cocina: puede pasar de 12 toneladas, porque la cocina cambia todo.
Los extremos de cada rango se separan justamente por orientación, ventanas y ocupación. Por eso la visita importa.
Cómo se hace en la práctica
Un técnico levanta medidas, revisa orientación con brújula, cuenta y mide ventanas, anota el tipo de muro y de cubierta, pregunta cuántas personas ocupan el espacio y en qué horario, identifica equipos que generan calor y revisa la capacidad eléctrica disponible. Con eso corre el cálculo y propone capacidad, tipo de sistema y distribución de aire.
Ese documento debería entregarse al cliente. Si alguien le propone un equipo sin haber visto el lugar y sin explicar de dónde salió la capacidad, está adivinando, y usted va a pagar esa adivinanza durante los próximos diez años en el recibo de luz.